jueves, 12 de mayo de 2011


Amets ezkutuen isiltasunean


ESCUCHANDO:
Ken7 - Irudi Biluztuak
"Denbora azkar pasa da,
biok aldatu gara...
non sartu zara?"

"El tiempo ha pasado rápido, los dos hemos cambiado... ¿dónde te has metido?". Tras éstos versos cargados de melancolía, Ken Zazpi esconde una frase que todos hemos pensado alguna vez, al encontrarnos con alguien que algún día fue importante en nuestra vida. Hoy me la he planteado... al mirarme en el espejo: He visto a alguien a quien conozco desde hace 28 años, y que está cambiando a un ritmo mareante.
No hace mucho tiempo (5 años, me lo han chivado unas fotos que he encontrado guardadas de aquel entonces), que tengo grabada en mi retina un momento de mi vida que paso a contaros: me encontraba con mis compañeros del rock (segunda familia, hermanos de corazón), volviendo de un fin de semana de conciertos, en los que nos dejamos la piel (algunos literalmente) en una pequeña sala de un aún más pequeño pueblo cántabro. El concierto fue impecable, y la noche "pecable" a más no poder... sin duda el fin de semana había sido si no redondo, casi esférico: nuevos amigos, y viejos dolores en la cabeza durante el viaje de regreso. Sonaba en el interior de la furgoneta ésta preciosa balada que ahora mismo envuelve mi salón mientras escribo. La fina lluvia primaveral resbalaba en el cristal, maquillando ligeramente el aroma del salitre que se colaba por la ventilación frente a la que yo hacía las veces de copiloto. El olor del asfalto recién mojado de la autopista me hacía desviar mi atención, aunque más que atento a la carretera, me fijaba en una preciosa playa desierta del cantábrico, que, escoltada por dos enormes y verdes montañas, parecía gritarme lo afortunado que era por todo aquello. En el asiento de atrás dormían en curiosa postura (bastante amorosa) bajista y cantante, mientras uno de los guitarras había dejado momentáneamente el ruido de su PSP para sacarles una oportuna fotografía. Desde el asiento del piloto me miraba de reojo el otro guitarrista: "¿qué haces, qué pasa tío?" "Recordad, sentid éste momento, vividlo: ésto es la vida, ésto es magia". Me miraron como si aún no hubiera metabolizado todo el alcohol de la noche anterior. "Os lo digo en serio, peña: ésto del rockanrol es la ostia. Ésto, teneros aquí a mi lado, volver a casa hechos polvo, con los oídos pitando de la noche anterior, y el corazón aún a cien por hora". La complicidad de sus sonrisas llenó entonces la furgoneta y no nos hicieron falta más palabras. Cada cual volvió a su letargo inicial y todos pensamos en nuestros adentros: "Ésto es magia".
El tiempo ha pasado rápido y hemos cambiado, no hay duda. La gente va, la gente viene... pero los sentimientos quedan. Será que últimamente estoy melancólico. Por suerte, aquel momento, aquellas palabras, aquellas miradas, aquellas sonrisas... no cambian, ni cambiarán. Y repetiremos ese viaje, con éstos acordes de fondo, y pensaremos de nuevo: "Ésto es magia". Porque como reza el título de ésta entrada, y el estribillo de la balada de Ken Zazpi que hoy suena 5 años después: "Beti itxarongo zaitut, azken geltokiko iluntasunean... amets ezkutuen isiltasunean" (Siempre te esperaré, en la oscuridad de la última estación... en el silencio de los sueños escondidos)

lunes, 2 de mayo de 2011

lunes 2 de mayo de 2011

De Sol, espiga y deseo



ESCUCHANDO:
Antonio Vega - El sitio de mi recreo
"Donde nos llevó la imaginación
donde con los ojos cerrados...
se divisan infinitos campos."




Una tarde cualquiera, de limpieza, registro de la casa, o simple tedio acumulado, abres un cajón de esos que parecen camuflarse entre los muebles, et voilà, encuentras dentro unos trocitos de tu vida: una entrada arrugada, amarillenta y acartonada de un festival al que fuiste hace años, una enorme margarita reseca que te regaló una ex-novia una tarde de campo, una foto de una juerga con varios amigos del instituto a los que has perdido la pista (y de paso descubres que el pelo largo y las camisetas de Motörhead no te sentaban tan bien como pensabas), una carpeta forrada de pegatinas y llena de cartas (si, antes la gente mandaba cartas) y un reloj digital del cual recuerdas perfectamente que tu padre te regaló en un cumpleaños, y lo orgulloso que estabas de él, pero no en qué momento abandonó tu muñeca y fue condenado a una sempiterna oscuridad al fondo de ese cajón de madera. Pero ¡sigue funcionando... y está en hora!.
Todo sigue funcionando y cada uno de éstos objetos traen a tu mente colores, aromas, voces, melodías, sentimientos... esos momentos estaban en tu cabeza bien guardados, fotografías vivas en ese cajón, esperando únicamente a ser abierto para transportarte de nuevo al pasado, a unos tiempos... ¿mejores?. Es entonces cuando la nostalgia te invade y decides invertir el resto de la tarde en llamar a esos amigos, organizar una cena, recordar todo lo bueno que pasaste al lado de aquel amor, como en una canción de Antonio Vega, y llamar a tu padre y darle las gracias por aquel reloj. Te contestará con una risa como si estuvieras loco, pero no te dejes engañar... él también se acuerda de aquel regalo: se acuerda porque tiene grabado en "su cajón" la ilusión en los ojos de su hijo pequeño. Y tus amigos se acuerdan de ti. Y tu ex-novia se acuerda de ti. E incluso aquella punki de Cartagena con la que te liaste en aquel festival, se acuerda de ti alguna vez.
En fin, voy a dejar de divagar. Quería deducir de todo éste discurso que nuestros recuerdos no nos abandonan, no se pierden. Simplemente están latentes en alguna parte, esperando a que los retomemos, a que algo los desencadene y pongan en nuestra vida esa fichita de puzzle que parecía perdida. En mi caso, hoy retomo éste blog 4 años después. Me gustaría que, al igual que yo, os sentéis relajados, coloquéis algo de música que os guste en el reproductor... y voléis: volad al pasado, muy lejos, muy rápido, recordad dónde estabais hace 4 años, cuando yo escribía mis palabras anteriores. Qué sueños teníais, cómo habéis cambiado... joder, cómo cambia todo. ¿Cómo será todo en otros cuatro, diez, veinte o cincuenta años?.
Y si en éste momento de vuelta a la realidad presente, unas tímidas lágrimas cayendo mojan tu amplia sonrisa, guarda esos recuerdos en un cajón, ¡pero en uno accesible!, y no lo perdáis nunca jamás de vista otra vez. Y como me dijo Fito una vez: "A ser felices".