lunes, 2 de mayo de 2011

lunes 2 de mayo de 2011

De Sol, espiga y deseo



ESCUCHANDO:
Antonio Vega - El sitio de mi recreo
"Donde nos llevó la imaginación
donde con los ojos cerrados...
se divisan infinitos campos."




Una tarde cualquiera, de limpieza, registro de la casa, o simple tedio acumulado, abres un cajón de esos que parecen camuflarse entre los muebles, et voilà, encuentras dentro unos trocitos de tu vida: una entrada arrugada, amarillenta y acartonada de un festival al que fuiste hace años, una enorme margarita reseca que te regaló una ex-novia una tarde de campo, una foto de una juerga con varios amigos del instituto a los que has perdido la pista (y de paso descubres que el pelo largo y las camisetas de Motörhead no te sentaban tan bien como pensabas), una carpeta forrada de pegatinas y llena de cartas (si, antes la gente mandaba cartas) y un reloj digital del cual recuerdas perfectamente que tu padre te regaló en un cumpleaños, y lo orgulloso que estabas de él, pero no en qué momento abandonó tu muñeca y fue condenado a una sempiterna oscuridad al fondo de ese cajón de madera. Pero ¡sigue funcionando... y está en hora!.
Todo sigue funcionando y cada uno de éstos objetos traen a tu mente colores, aromas, voces, melodías, sentimientos... esos momentos estaban en tu cabeza bien guardados, fotografías vivas en ese cajón, esperando únicamente a ser abierto para transportarte de nuevo al pasado, a unos tiempos... ¿mejores?. Es entonces cuando la nostalgia te invade y decides invertir el resto de la tarde en llamar a esos amigos, organizar una cena, recordar todo lo bueno que pasaste al lado de aquel amor, como en una canción de Antonio Vega, y llamar a tu padre y darle las gracias por aquel reloj. Te contestará con una risa como si estuvieras loco, pero no te dejes engañar... él también se acuerda de aquel regalo: se acuerda porque tiene grabado en "su cajón" la ilusión en los ojos de su hijo pequeño. Y tus amigos se acuerdan de ti. Y tu ex-novia se acuerda de ti. E incluso aquella punki de Cartagena con la que te liaste en aquel festival, se acuerda de ti alguna vez.
En fin, voy a dejar de divagar. Quería deducir de todo éste discurso que nuestros recuerdos no nos abandonan, no se pierden. Simplemente están latentes en alguna parte, esperando a que los retomemos, a que algo los desencadene y pongan en nuestra vida esa fichita de puzzle que parecía perdida. En mi caso, hoy retomo éste blog 4 años después. Me gustaría que, al igual que yo, os sentéis relajados, coloquéis algo de música que os guste en el reproductor... y voléis: volad al pasado, muy lejos, muy rápido, recordad dónde estabais hace 4 años, cuando yo escribía mis palabras anteriores. Qué sueños teníais, cómo habéis cambiado... joder, cómo cambia todo. ¿Cómo será todo en otros cuatro, diez, veinte o cincuenta años?.
Y si en éste momento de vuelta a la realidad presente, unas tímidas lágrimas cayendo mojan tu amplia sonrisa, guarda esos recuerdos en un cajón, ¡pero en uno accesible!, y no lo perdáis nunca jamás de vista otra vez. Y como me dijo Fito una vez: "A ser felices".

No hay comentarios: